por Mario Rubén Velázquez

G. es profesional universitario, tiene 49 años de edad, pero aparenta más. Hace dos años que se mantiene sobrio, después de 25 años de ser un bebedor empedernido. “El alcoholismo es una enfermedad incurable, progresiva y fatal”, dice. Hoy es uno de los motores de Alcohólicos Anónimos (AA) de Luque, en donde cuenta su experiencia a quienes pelean contra este flagelo.


–Los niveles de alcoholismo en Paraguay ¿son para preocuparse?
–Sí, entre otras cosas porque sabemos que el alcohol es la tercera causa de muerte en el mundo, después del cáncer y el ataque cardiaco. Y muchas veces estas dos enfermedades son causadas por el alcoholismo.


–¿Hay una salida para esta enfermedad?
–Sí: asistir a AA (Alcohólicos Anónimos), porque si seguís tomando, los únicos caminos adonde irás a terminar son la cárcel, el manicomio o a un sepulcro prematuro. No hay de otra, amigo.


–¿Qué es el alcohol?
–El alcohol es una droga psicotrópica, un estimulante y represor al mismo tiempo. En el primer trago, nos sentimos muy eufóricos, muy buenos para todo, pero como su carácter es progresivo, cada vez es más corta la euforia y más larga la depresión. Y es ahí en donde estallan todos los males.


FAMILIAS DESTROZADAS


Pero el alcohol no afecta solo a quien consume: contamina todo el grupo social del enfermo: su entorno familiar, de amigos, de compañeros de trabajo, de vecinos… G. cuenta que según estudios, unas 60 personas son afectadas por un enfermo alcohólico. “Hay familias destrozadas por este flagelo”, agrega G.


María E., esposa de un ex alcohólico, relató a La Nación que ella realizó una encuesta entre 179 alumnos del secundario de un colegio de Luque, sobre el consumo de bebidas alcohólicas en sus casas. “Unos 178 chicos dijeron que estaban podridos de sus padres que chupan todas las noches. Solo una alumna dijo que sus papás no tomaban, que eran abstemios”, puntualizó.


LA NEGACIÓN
“El alcoholismo es una enfermedad de la negación. Vos le decís al borracho: “¿Vos estás borracho?” Y él: “Nooo, ¿nde tarovápiko nde? ¡Vos lo que estás borracho!”. Uno no acepta su estado”.
–De acuerdo a su experiencia, ¿cuándo empieza a ser un problema el alcohol?
–Uno de los indicios es el sistema de “película cortada”, cuando uno no se acuerda de lo que hizo la noche anterior. Otro cuando uno hace barbaridades y recorre kilómetros para ir a buscar cervezas a altas horas de la madrugada. Yo lo hice mil veces. A medianoche salía con mi bolsón y mis botellas a buscar más.


–¿Ibas solo?
–Sí, y ese es otro indicio: tomar solo en la casa, todos los días, con cualquier excusa. Yo iba a lugares perdidos, oscuros, no tenía miedo de nada. Gracias a Dios nunca me asaltaron, pero sí me llegó a afectar en mi grupo familiar. Una vez amanecí con dolores tremendos en la espalda. Al parecer me garrotearon “por exceso de argelería”.


–¿Cuándo hay que parar?
–Hay que controlar para no pasar al otro lado: no todos los que toman se vuelven alcohólicos. El alcoholismo es progresivo y no se detiene cuando se sobrepasa en el nivel. Yo no podía ver alguien que abría una botella, tomaba unos vasos, y metía en la heladera el resto. Era capaz de ir a meterle un tongo por hacer eso. El alcohólico no sabe de “guardar el resto”: toma todo lo que hay, siempre, siempre…